Intimidad Pública

La fotografía de Natalia Cajiao no sólo armoniza conceptos contrarios como público y privado y como expresivo y testimonial, sino que es susceptible de múltiples aproximaciones la mayoría de las cuales conducen a consideraciones que trascienden los límites mismos de las imágenes. Su obra, por ejemplo, divulga intimidad puesto que expone a la apreciación de un público mucho más amplio que el esperado, no sólo prendas tan entrañables como las cobijas y sábanas de gente anónima, sino sus vestimentas, su segunda piel. Pero se trata de una intimidad de carácter sociológico, que habla de atributos y costumbres de la sociedad, de la economía, y de las circunstancias de una ciudad o de un país, y que ayuda a comprender el hondo arraigo de los comportamientos humanos.

Desde otro punto de vista puede afirmarse también que su trabajo depende en gran medida de aspectos de la realidad encontrada, tropezada al azar, y que en este sentido tiene cierto valor de documento, de imagen objetiva y verídica. Pero el meollo de su obra está más cerca de los argumentos sociológicos que involucra y de las insospechadas revelaciones de elementos supuestamente anodinos que permite percibir, puesto que su trabajo se asienta en conceptos que la facultan para involucrar en su desarrollo desde raciocinios de tipo social hasta consideraciones estéticas, y desde señalamientos urbanísticos hasta comentarios relativos al gusto e imaginario populares, a partir de hechos y escenarios que para otros fotógrafos pudieran parecer áridos o prosaicos.

Las imágenes de ropa extendida para su secado, registradas en diversos lugares y que conforman esta exposición, son dicientes  acerca de hechos y usos sociales que se repiten alrededor del mundo.

Revelan la uniformidad internacional del hábitat de una determinada clase social, la insatisfacción espacial con sus viviendas y permiten hasta vislumbrar su hacinamiento en la privacidad.  Detrás de las cuelgas de ropa, se alcanzan a ver los edificios, no tan parecidos en su arquitectura como en sus condiciones y en las ventanas y rejas de sus fachadas, los cuales complementan con su aspecto de colmena, entre dividido y aglomerado, la información que ofrecen los textiles sobre los residentes.

Las protagonistas de estas imágenes, sin embargo, son las prendas, por su aspecto un tanto fantasmal, porque en ocasiones parecieran habitadas por cuerpos invisibles, porque en otras oportunidades parecieran recién despojadas de la vida, y por conllevar cierto carácter de ornamentación urbana

En algunas tomas el viento hinche las prendas, y éstas se recortan contra el cielo como enormes cometas o globos que le aportan movilidad y liviandad a las escenas. Pero sus registros no sólo inducen a considerar las prendas en sí, sino que simultáneamente permiten identificar el número de personas en cada núcleo familiar, el género y edad de sus integrantes, y con un poco de atención, hasta las diversiones favoritas, y los deportes que practican.

Por último, también podría afirmarse que las fotografías de Natalia Cajiao ponen de presente un interés en la expresividad intrínseca de elementos inanimados como ropas, tapetes y toallas, hecho que sin duda ha contado entre sus reflexiones. Pero en realidad su producción es ante todo resultado de una mirada atenta a hechos y circunstancias que resultan elocuentes acerca de las costumbres y relaciones humanas, acerca de  expresiones urbanas anónimas, y acerca del imaginario popular. Sus registros no sólo otorgan una imagen, un contexto visual y un escenario adecuado al conocido precepto de que “la ropa sucia se lava en casa”, sino que cuentan también con el valor agregado de ser técnicamente impecables, de que individualmente son atractivas, y de que en conjunto conforman todo un tratado sobre el poder escudriñador y revelador de la fotografía.

Eduardo Serrano/ Curador

Cámara de Comercio/

Bogotá, Colombia.

2009